Superalimentos

De los superalimentos se habla mucho hoy en día, en cualquier foro de runners, en los vestuarios del gimnasio, en la pista de pádel y hasta en la entrada a la sala de yoga alguien suele mencionar que ha empezado a tomar tal o cual superalimento.

La definición de superalimento o superfood es “alimento que se considera supuestamente beneficioso para la salud y que puede ayudar en ciertas enfermedades o condiciones médicas”. Si bien el término viene del mundo del marketing, los nutricionistas y expertos en salud preferimos hablar de alimentos funcionales, que es el término aceptado entre la comunidad científica.

Así, un alimento funcional es aquel que, gracias a la presencia de compuestos biológicamente activos en su composición, presenta propiedades beneficiosas para la salud, además de su tradicional función nutricional. Para que un alimento se considere alimento funcional debe cumplir las siguientes condiciones generales:

  • Debe producir un efecto fisiológico beneficioso sobre el estado de salud físico o mental, y/o reducir el riesgo de enfermedad.
  • Estas propiedades beneficiosas deben estar demostradas mediante una sólida y verdadera base científica.
  • El componente alimentario responsable de sus efectos fisiológicos debe ser caracterizado, identificado y cuantificado por métodos analíticos.
  • Debe ser evaluado en poblaciones humanas y efectivo en todos los miembros de una población (edad, constitución genética, sexo…)
  • Debe mantener las características propias del alimento, es decir, no puede presentarse en cápsulas, comprimidos, polvos…
  • Las cantidades del consumo necesarias para manifestar sus efectos beneficiosos tienen que ser las habituales en un patrón normal de alimentación.

Un ejemplo de alimento funcional es el aceite de oliva. Está demostrado, según numerosos estudios longitudinales, que el aceite de oliva es beneficioso para la salud porque previene la aparición de enfermedades cardiovasculares gracias a su alta composición en ácido oleico (88%), un ácido graso monoinsaturado que disminuye la concentración en los vasos sanguíneos de ese tipo de colesterol que solemos llamar “malo” (LDL) y, por tanto, a su vez reduce la hipertensión arterial (enfermedad con mayor índice de mortalidad en el mundo occidental). El aceite de oliva es el ingrediente base de la dieta mediterránea, es beneficioso para cualquier edad y condición, es un alimento natural, sin añadidos y sus efectos beneficiosos se dan con una cucharada al día. Por tanto, el aceite de oliva, por supuesto, es un superalimento.

Desde que salió a la luz el término superfood, se creó una gran controversia y muchos médicos, nutricionistas, farmacéuticos dudamos de si realmente estos alimentos concedían esas propiedades que reclamaban. De tantos artículos que se publicaron, al final hemos podido llegar a varias conclusiones. Muchos de los alimentos funcionales que conocíamos son superalimentos, alguno de los nuevos superalimentos no lo son tanto y, la más importante, siempre debemos contrastar la información de los medios con un profesional o con fuentes fiables de información.

Describimos a continuación una lista de alimentos que han demostrado efectos beneficiosos para la salud y que todo deportista persona debería incluir en su dieta.

El tomate

Contiene, sobretodo, dos sustancias antioxidantes: el licopeno y la vitamina C (un sólo tomate aporta el 40% de la cantidad diaria recomendada de vitamina C).

De estos dos, la vitamina C es el antioxidante clásico. La vitamina C ayuda al desarrollo de estructuras óseas, mejora la absorción del hierro, favorece el crecimiento y la reparación del tejido conectivo normal e interviene en la producción de colágeno, en el metabolismo de las grasas y en la cicatrización de las heridas. En definitiva, estimula la reparación y formación de los tejidos más importantes y necesarios, durante la actividad física.

Esta vitamina no incrementa el rendimiento deportivo, sin embargo tiene la función fundamental de facilitar la absorción de otras vitaminas y de muchos minerales. Al mismo tiempo ayuda a controlar el exceso de radicales libres provocados por actividades físicas intensas -mediante una potente acción antioxidante- y equilibra los procesos catabólicos (de destrucción) del organismo.

El licopeno, por otra parte, es un pigmento rojo vegetal, es decir es un caroteno. Al licopeno se le atribuyen numerosos beneficios, desde la prevención de distintos cánceres como el de próstata y el de colon, a la prevención del síndrome de degeneración macular (principal causa de ceguera en personas mayores de 65 años), además de ser un gran aliado en la lucha contra los radicales libres y el envejecimiento celular

En España, se estima que el consumo medio de licopeno a partir de frutas y hortalizas frescas es de 1,3 mg/persona/día.

Los frutos secos

Las nueces, almendras y avellanas aportan a la dieta otro antioxidante reconocido: la vitamina E. Esta vitamina también llamada tocoferol impide la oxidación del colesterol y su disposición en las paredes de las arterias. De esta manera, puede ayudar en la aparición de trombos que dificultan la circulación por estrechamiento de las paredes.

El brócoli

Esta verdura contiene grandes cantidades de vitamina C, pero por lo que destaca como superalimento es por su concentración en un mineral, el selenio. El selenio retrasa el envejecimiento celular y ayuda a prevenir la degeneración celular. También aumenta la producción de glóbulos blancos y neutraliza el efecto de los metales pesados. Su acción está estrechamente vinculada con la actividad de la vitamina E. El selenio se encuentra de forma natural en alimentos de origen animal (carne, vísceras, pescado), cereales integrales y frutos secos, además de en verduras como el brócoli.

 

 

Cada cierto tiempo nos llega información sobre nuevos “superalimentos”, con propiedades únicas y prometedores resultados. Podemos encontrar en el mercado quinoa, maca, chlorella, acai, stevia y otros tantos más, con nombres cada vez más exóticos. Lo importante es saber diferenciar entre alimento funcional comprobado y alimento sano. Conclusión: consulta siempre con un profesional y contrasta la información.

FUENTES

http://www.macmillandictionary.com/dictionary/american/superfood
http://www.eufic.org/en/healthy-living/article/the-science-behind-superfoods-are-they-really-super
http://www.bedca.net/bdpub/

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